jueves, 29 de enero de 2009

LO INITIMO

EXTRACTO REVISTA QUADERNS No.
LO INTIMO

Georges Perec imagina en Especies de espacios la posibilidad de un espacio de la casa perfectamente inútil. Se trataría de un espacio sin ninguna función, ni siquiera la más insignificante o caprichosa: la limpieza del dedo gordo del pie derecho o la audición de la Sinfonía nº 48 de Haydn. "Creo que no perdí completamente el tiempo al tratar de franquear ese límite improbable: tengo la impresión de que a través de este esfuerzo se transparenta algo que podría tener estatuto de habitable..."- concluye.
El texto de Perec cuestiona la codificación sistemática de las habitaciones de la casa, su insistente carga de sentido que se deriva de la asignación de una o varias funciones concretas, de una serie de actividades. La subordinación a un catálogo de rutinas no sólo predetermina el carácter y la manera de ordenar esos espacios, sino también la forma de habitarlos. En el espacio inútil de Perec, imaginado por el contrario vacío y liberado de sentido, no se sabe qué hacer, no hay nada que hacer en realidad. Este espacio inútil y a-funcional, que no remite a nada, se halla extrañado de lo doméstico.
Considerar únicamente la casa en términos de actividad doméstica produce una traslación inmediata de objetivos y posibilidades. La casa queda atrapada por el laberinto de una estructura concreta de grupo, núcleo familiar, los afectos, la memoria, los hábitos, los momentos vividos, las costumbres, los electrodomésticos y los objetos personales, propios, poseídos. Se trata de la forma más personalizada de la arquitectura. En este número de Quaderns hemos querido disociar la casa de este universo de sentido. Nos hemos aproximado a algunas obras que plantean, al menos en cierta medida, una resistencia o una crítica de esa ocupación, o bien que ponen en evidencia su fragilidad o contingencia. Es la casa vaciada de lo doméstico o, cuanto menos, no estructurada en base a una precisa asignación de usos. La disociación de su domesticidad abre la casa, como el espacio inútil de Perec, a la presencia o insinuación de lo íntimo, entendido como el espacio de coincidencia con uno mismo. La casa no se plantea entonces como la forma más personalizada de la arquitectura, sino como un espacio vaciado de signos sociales y objetos con significados afectivos. Así, lo íntimo tiene ya poco que ver con lo doméstico. Lo íntimo no está expuesto a la visibilidad de los otros, no está codificado, consiste en una doble disidencia, de lo doméstico y de lo público.
Se plantea, en este punto, un par de conceptos vecinos y entrelazados. Lo característico de este par, íntimo/público, es que cada uno de sus términos no puede existir sin el otro; por decirlo así, cada uno proporciona las condiciones de posibilidad de su opuesto. Uno limita al otro y ambos se dan forma respectivamente. Un extremo: lo público, codificado, señalado, marcado y expuesto a la visibilidad, va de la mano del otro extremo: el espacio de lo íntimo como resistencia a ser visible, a ser codificado e identificado. Entre ambos parece abrirse un límite que tiene en realidad una topografía compleja. Se producen aberturas, filtraciones, es un límite permeable, que puede ser transgredido y carece de una formaº estable. No está perfectamente delimitado y responde a un doble proceso de interiorización y exteriorización a través de una piel osmótica que criba la mirada ajena mediante sucesivos tamices o bien traza aberturas sutiles y destapa parcialmente espacios interiores. De este modo, se altera la transparencia mediante la subjetividad, la ficción y el juego. Es el límite, al fin y al cabo, de lo compartido.
Nos gustaría pensar en la existencia de una relación literal entre estas estrategias de dilatación de ese límite entre lo público y lo íntimo y el desarrollo de una arquitectura de la casa vaciada de lo doméstico. En este sentido, el control sobre lo visible, la sucesión de filtros, la transparencia controlada de algunos espacios y la ocultación voluntaria de otros, no consistirían en una segregación de un interior doméstico respecto de un exterior público, sino más bien en la creación de ese territorio intermedio, no codificado, ese espacio inútil, íntimo y compartido, sólo juego, ficción, que tendría el "estatuto de habitable".

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